Mi historia de Cuencos

Esta es la tónica que me caracteriza, involucrarme y obsesionarme con algún tema hasta “jartar”…
No cabe ya decir que soy así de cansino siempre en todos mis asuntos, pero me justifico diciendo que con intensidad es como soy capaz de sentir y vivir.

Un cuenco es algo tan especial que no necesitas de mas para recibir sus dones… y casi es mucho si quieres extraer de el toda su ciencia, sus escalas sonoras y resonancias son tantas que para controlarlas se necesita mucha concentración y practica, la practica es necesaria hasta para respirar, y la concentración es un gran don que nuestra mente agradece dotándonos de una capacidad mas sólida de aprendizaje.

Seguiría desgranando mis experiencias con este cuenco si no fuese otro el motivo de este articulo; en mi hay siempre una fase de deseo material de los objetos que forman parte de mi “venate” y como los cuencos son algo tan material y al mismo tiempo tan espiritual, la tenencia de varios cuencos forma parte de mi deseo y por ser ahora el tema que ocupa mi tiempo, recorro internet y las tiendas físicas buscando ese cuenco que continúe con la saga que he empezado con (Pi); por el tamaño, forma, materiales y reacción, cada cuenco transmite unos sonidos diferentes entre si, Pi suena algo agudo, es como un cosquilleo en mi interior… cálido y tonificante.

No necesito mas para convencerme que Ramsés que es como se llama mi segundo cuenco tenia que ser de mayor tamaño para cubrir esa escala que en los grabes navega.

Ya son dos los cuencos que toco y varias las mazas que me he fabricado para con ellas sacar distintas gamas o tonos de ellos.
En referencia a ponerles nombre, no dejo de pensar que si a tus hijos le pones nombres para identificarlos también cuentas con ponerles un nombre con cariño y referente a un deseo de recuerdo y perpetuidad. A los cuencos también les he puesto nombre siguiendo ese mismo criterio, cuando tuve el primero en mis manos he de reconocer que no tenia claro que tenia que hacer con el primero, si tocarlo y acariciarlo para sentir su presencia y luego nombrarlo para darle mas personalidad o por el contrario, decidir que nombre tendría como cuando en un embarazo barajas nombres para el futuro hijo.
En este caso el hijo ya estaba en mis manos, se habían precipitado los acontecimientos y no tuve embarazo, pues ese cuenco llego a mis manos en un mercado artesanal y casi sin soltarlo (para pagar por el) salí del recinto con el cuenco en mi poder ( y sin nombre en mente).
Al llegar a casa lo mire o remire, lo toque muy sutil mente y sin conocimiento de como y donde golpear o acariciar con la maza, también lo medí y pese, con un paño y limpia metales le quite su antiguo envoltorio del tiempo y su reluciente aspecto surgió para renovar su samsara.
Tomando como nombre Pi en referencia al numero infinito.
El segundo cuenco de nombre Ramsés, tenia el nombre antes que su presencia física, pues no podía llamarse con otro nombre si venia a formar parte de mi la familia de cuencos.
Cada cuenco tiene su propia personalidad extraída del nombre, no voy a hablar ahora del numero Pi ni de Ramsés para numerar las cualidades que tienen y las que de ellos emanan como cuencos individuales y lo mas maravilloso es que juntos son Pi-Ramsés el principio de una gran dinastía en mi caso y parte de nuestra historia que siendo un tema distinto recomiendo conocer, me refiero a Ramsés y su ciudad Pi-Ramsés.
Nada mas que contar sobre el porque de los nombres… y mucho que vivir con ellos.

Ahora toco los cuencos…. el presente.
Namasté.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: